La inmediatez de las comunicaciones ha convertido no ya la escritura formal, sino el simple hecho de redactar una oración o un breve mensaje en una tortura. ¿Quién quiere verse embrollado en reglas ortográficas y gramaticales? ¿Para qué sirven? ¿Podemos prescindir de ellas?
Los usuarios asiduos del Small Message System (SMS), o a los mensajitos en lenguaje coloquial, entienden bien lo que quiero decir. Enviar un mensaje no tiene por qué convertirse (piensan algunos) en una ruda tarea de recordar acentos, comas o, de hecho, poner palabras completas. Simple: cero acentos, puntuación… ¿para qué?, y, si puedo poner «p q’» no necesito utilizar dos palabras para decir “por qué”.
Sin embargo, la capacidad de escribir correctamente también nos abandona en los momentos menos fugaces y efímeros en los que necesitamos echar mano de las palabras y las reglas ortográficas de nuestro idioma para hacernos entender. Por ejemplo, no es nada raro encontrar a alguien enviando un SMS como éste: «Oooola llgo tarde ske mario m invito a ver la tv en s ksa». Y, sí, digamos que «se entiende». Pero, ¿qué sucede cuando la misma persona que escribe ese mensaje se enfrenta a la redacción de un e-mail importante, digamos, para encontrar empleo?
En realidad, el problema de este nuevo lenguaje no es un mensaje de texto, sino la propia comunicación.
Dato: el castellano cuenta con (aguza los sentidos) más de 400,000 palabras de uso común. ¿Cuántas conoces tú?
En el mundo productivo, perder el universo de la comunicación escrita es despedirse de más de la mitad de tu capacidad de contacto con el mundo.
Y esto se traslada también a Internet: bloggers, habituales de Facebook, Twitter y otras redes sociales, intentan comunicarse a través de la palabra escrita y al llegar a cierto nivel se encuentran con un muro.
O puede tratarse de profesionales, empresas u ONG que desean transmitir por medio de una página web sus servicios o a qué se dedican. Y pasa el tiempo y no ven resultados. Podríamos comenzar por preguntarnos si estamos comunicando bien, si decimos lo que queremos decir, si nuestro público objetivo nos está entendiendo, enfocándonos, en principio, en cómo escribimos.
Recurrir a redactores profesionales puede dar un giro a tu imagen profesional. De hecho, podrías aprender y aún enseñar a los visitantes de tu sitio web que la escritura correcta, concisa y eficaz es, más que una tortura inútil, comunicación.
De otra forma, “n t kjes s ndie t p la”.
Didáctico… (Aunque le falte un espacio después de la coma. ¡Atentos!)
Quizá yo estoy muy vieja ya, pero me estresa cuando veo en un correo electrónico o en una que otra comunicación de trabajo esas abreviaciones de palabras que se usan en los mensajitos. Me estresa verlas por todos lados. Dicen que el tamaño de tu vocabulario es el tamaño de tu mente y tu universo, si esto es verdad ¿qué nos está pasando? o sólo soy yo que ya me estoy haciendo vieja.
Hola, Ana.
Gracias por tu mensaje. Tienes razón, muchas veces descuidamos el uso de la lengua escrita porque pensamos que no siempre es tan importante fijarse cómo la utilizamos. Pero la capacidad de escribir correctamente es algo que hay que ejercitar y actualizar todo el tiempo, tratando de mantenerla, desde un SMS, la lista del súper o un e-mail del trabajo o los estudios.
No se trata solamente de cómo se ve, sino de cómo cuidas y cultivas tu capacidad de comunicarte